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20 sept 2010

MALAS BROMAS BICENTENARIAS; 200 AÑOS DE RISA

No podía llegar tarde, definitivamente no. La previsión es el elemento esencial para tener éxito en lo que se quiere; media hora antes era una buena opción para llegar a tiempo al servicio social.
“Tienes que desayunar”, me dije. Salí a la calle, sentí una sensación extraña, como si las calles estuvieran vacías. Y así era. Las tiendas estaban cerradas, eran más de las 8 de la mañana, a esa hora todos los negocios tienen clientes, esta vez tenían las cortinas abajo. El señor de la esquina que vende periódicos tampoco estaba, y eso es aún más extraño.

Parecía 16 de septiembre y no 14, ¿por qué nadie corría como lo hacían habitualmente? Me di cuenta de que comenzaban el puente desde el martes, que chistosos, me dejaron sin desayunar.
Los festejos del bicentenario anunciados por el Gobierno Federal comenzaban, eran el tema desde que inició septiembre. “Vamos a preparar unas margaritas y unas piñas coladas el 15 güey, pero me choca que van a ir mis primitos, pinches chamacos destruyen todo”, decía una chica en la micro a su grupo de amigos, mientras subía una señora con sus hijos, todos vestidos para lo que yo suponía sería el festival de su escuela; los dos niños de bigote pintado con el delineador negro, trajes de manta y paliacates rojos en la cabeza. La pequeña, con sus trenzas postizas, por que el largo de su cabello, no permitía que se pudiera trenzar y una falda azul que por poco la hace tropezar.

No pensaba celebrar el bicentenario, aburrida, había sido un calificativo para mí, pero no podía huir del festejo, algo conspiraba en mi contra; en twitter todos hablaban de ello. Julio Astillero de la Jornada escribía irónicamente “Vivan los narcos que nos dieron miedo”, con lo cual, yo no paré de reír. Tuve la necesidad de unirme al grito Twitero y escribí: “Viva el 16. El 16 por ciento del IVA”
CONACULTA a través de la misma red social, regalaba cortesías para ir a la premiere de la película Hidalgo; la historia jamás contada. Como una mala broma, me gane los dichosos pases para ir al estreno en el Auditorio Nacional; sentía que me decían: “¿no querías festejar? Pues ahora te chingas”

“Qué feo que ahora a todos los que creíamos héroes, los desmitifican; qué el Pipila, no existió, que es sólo un cuento para niños. Que Juan Escutia nunca se lanzó con la bandera. Que Hidalgo no era más que un calenturiento padrecito” decía mi jefa de redacción, mientras leíamos en los diarios nacionales las recomendaciones para quién quisiera ir al Zócalo.

“Vean el evento del Grito desde sus casas, es un show televisivo” declaraba el Director de Protección Civil. También el presidente recomendaba esto. “Se van a divertir más desde su casa” decían.

Fueron tantos los rumores que me llegaban a través de Internet, que en ese momento, los creía ciertos: lanzaran una bomba en el Zócalo, por eso recomiendan no ir. Los 2 mil francotiradores que se instalaran en los alrededores de la Plaza de la Constitución, es porque ya recibieron amenazas de ataques por parte de los narcos. El Jefe Diego aparecerá colgado en el asta del Zócalo, por eso mandaron la tercera carta sus captores los Misteriosos Desaparecedores días antes del 15, decían algunos.

Eran demasiados rumores, sonaban a bromas, de esas malas, de humor negro. Quería que el bicentenario ya se acabara, que todo volviera a la normalidad, y dejara atrás esos chistes.

Ya era 15 de septiembre, todos los medios de comunicación se encontraban preparados, en televisión habría transmisiones desde la 1 de la tarde, en radio, todo el día daban el reporte del tránsito en las calles aledañas al Zócalo, algunas radiodifusoras organizarían su propio festejo en algunos restaurantes de la ciudad con sus radioescuchas, y en los diarios daban los detalles de los eventos.

Yo desperté tarde, no todos los días me puedo parar a las 10 de la mañana, mientras en mi casa corrían por los ingredientes para el pozole, y hacían llamadas de confirmación a los familiares para reunirnos en mi casa.

Un evento de tal importancia sería un gran show televisivo; prendí la tele, un poco tarde, no alcancé a ver el desfile, pero la Orquesta de las Américas me atrapó, con Adriana de la Parra como directora y la voz de Natalia Lafourcade.

Después, nada, sólo risas en mi casa cuando cenábamos ese pozole al que le traía ganas desde la mañana, por fin pude probarlo, comer tostadas con mucha crema y tener la oportunidad de tener a mi familia reunida.

Mis tíos esperaban el momento de El Grito, “Ya se tardó el chaparro” se referían al presidente, “A lo mejor le estaban ajustando la banda presidencial, ya ven que le queda como bandera” Seguíamos riendo.

Por fin, la televisión nos mostraba a Margarita luciendo un vestido azul, acompañando al presidente y su famosa banda presidencial. Salieron al balcón, repicaban las campanas.
“Mexicanos, vivan los héroes que nos dieron patria. Viva Hidalgo. Viva Morelos. Viva Josefa Ortiz de Domínguez. Viva Allende. Viva Aldama y Matamoros. Viva la Independencia. Viva México. Viva México. Viva México”

Júbilo, euforia, pasión, gritos, no escuche por primera vez mentadas de madre, o quizá no puse atención. Tras el repique de las campanas de la Catedral, se escuchó el himno; el cielo se llenó de luz con los juegos pirotécnicos engalanando el Palacio Nacional, Reforma, el Ángel de la Independencia, La Torre Latino.

Nada de lo que decían esos rumores de la dichosa bomba o del atentado ocurrió, sólo fueron bromas, como aquellas que decían que con el PAN se daría el cambio, o cuando dijeron que la economía mejoraría, todos nos reímos cuando dijeron que nos darían vales por las ganancias de PEMEX, eso sí fue divertido.

Como dicen, el mexicano es muy alegre, bromista. Yo me la pase bien, y no dudo que otros más también. Estos 200 años no la pasamos riendo, pero ellos, el Gobierno, también se ríen de nosotros, y no dejaran de jugarnos malas bromas.

14 sept 2010

La revoluciòn de las botellitas de agua

Lo acepto. Yo cargo a diario con mi botellita de agua en la mochila, sì de esa que me ayuda a eliminar lo que mi cuerpo no necesita.
En la calle da una sed espantosa, en el metro màs. En el vagòn destinado sòlo a las damas, pude notar como es que las botellas de agua son indispensables, por lo menos 6 de cada 10 usuarias tenían su botella.Las presentaciones varían, pueden ser de medio litro, 1 litro y hasta dos ( serìa el colmo llevar el garrafón) de sabor, natural, etc.
En Mèxico se consumen 234 litros de agua embotellada al año, lo que nos coloca como los número 1 en consumidores a nivel mundial.
Y esto no es precisamente malo, pero resulta que las grandes industrias han obtenido en pocos años ganancias exorbitantes, y lo más contradictorio del caso, es que el mexicano en ocasiones no paga el consumo del agua que le llega a su casa.
Supongamos que una mexicana con un ingreso menor a los 3 mil pesos compre a diario una botellita de medio litro, que cuesta alrededor de 5 pesitos. A la semana estarà gastando 35 pesos, y al mes 150 pesos. El cobro promedio por el consumo del agua en la Ciudad de Mèxico es de ¡18 pesos! Esto quiere decir que consumir agua embotellada es màs caro que pagar mensualmente los màs de 1000 mil litros.
Es muy recomendado por los mèdicos tomar por lo menos 2 litros de agua diarios, sin embargo esta revolución de las botellitas a la larga se convertira en un problema, debido a la cantidad que se produce.
Yo mientras tanto, ya me he tomado mis 2 litros de agua, pero prometo rellenar esa botellita hasta que ya no me de para más.